El origen del pantalón se remonta a la cultura celta, pero la palabra nace de un término francés que a su vez, fue tomado de un personaje de la comedia italiana del siglo XVI bautizado como Pantaleone. La pieza más llamativa de su vestuario eran unos pantalones tensados entre la rodilla y los tobillos, siendo más sueltos a partir de la pantorrilla, aunque también solía llevarlos abombados y atados con un cinturón. Pantaleone se hizo famoso en ferias y teatros, tanto que empezó a ser imitado por autores no italianos como William Shakespeare.
Antes de mediados del siglo XX, las mujeres tenían un vestuario muy limitado que constaba de vestidos y faldas, los pantalones ni siquiera eran una opción para ellas durante este período de tiempo porque era una pieza únicamente para hombres.
La moda no se trataba de comodidad, lo cual era una de las razones por la que las mujeres anhelaban usar pantalones: eran mucho más convenientes, cómodos y fáciles de usar que varias capas de faldas.
La primera en querer introducir los pantalones para las mujeres fue Amelia Bloomer, quien diseñó una falda a la altura de la rodilla que se usaría con unos pantalones sueltos debajo, inspirada en el traje turco tradicional, sin embargo, su creación no tuvo aceptación ya que el movimiento femenino para la época era considerado una amenaza.
Estos pantalones llamados bombachos, fueron usados principalmente para andar en bicicleta o por mujeres en sanatorios. Aunque la sociedad de ese momento no estaba preparada para tal cambio de cultura, fueron un paso grande hacia la aceptación de los pantalones como artículos estándar de la vestimenta femenina en el siglo XX.
Fue en el período de la Segunda Guerra Mundial cuando finalmente se le puso fin a la estricta prohibición de los pantalones para mujeres, cuando muchas de ellas tuvieron que asumir trabajos realizando labores que anteriormente no tenían permitido efectuar por su género. Se les equiparon con uniformes que anteriormente pertenecían a los empleados masculinos y en algunos casos, de sus mismos esposos.
Las trabajadoras de las fábricas usaban overoles y las de los servicios públicos utilizaban uniforme con pantalón largo en invierno. Sin embargo, el hecho de que las mujeres tuvieran que usar ropa masculina no fue visto como una transgresión de los límites de género sino un fenómeno conveniente y transitorio durante la guerra, cuando finalizó, los hombres volvieron al trabajo, las mujeres a sus casas y el arduo trabajo que realizaron en las fábricas pasó desapercibido.
Después de la guerra, Coco Chanel fue pionera en los pantalones de mujer, les dió un toque femenino y los extendió hacia todas las clases sociales, jugando un papel importante en la aceleración de su difusión como artículo de moda.
Más tarde, en 1935, se popularizó el jean entre las mujeres gracias a la marca Lady Levi’s, que desde el 22 de octubre de 1918 estaba haciendo historia, cuando Levi Strauss & Co obtuvo la marca Freedom-Alls, que incluía la primera prenda diseñada específicamente para mujeres por la compañía, un traje compuesto por una chaqueta con cinturón y pantalones harem abrochados cerca del tobillo para poder utilizarlos con botas, prenda no sólo propuesta para tareas domésticas sino también para hacer deporte y actividades al aire libre, algo poco común para ese entonces.
En 1940 se volvió socialmente aceptable que las niñas y mujeres usaran trajes de pantalón, pero únicamente en sus casas, no podían usarlos en público y se esperaba que usaran vestidos para la escuela, la iglesia, las fiestas e incluso las compras.
No fue hasta la década de 1960 cuando la sociedad decidió que ya era hora que fuera socialmente aceptable que las mujeres usaran pantalones, pero el rol de género todavía desempeñaba un papel importante en la vida diaria.
En 1961, el papel de Audrey Hepburn en Breakfast at Tiffany’s influyó en las mujeres para usar pantalones. Su personaje en la película vestía pantalones negros y gracias a eso, cada vez más mujeres comenzaron a usarlos regularmente.
En 1966, Yves Saint Laurent presenta Le Smoking, un elegante traje de pantalón proyectado a través del lente de Helmut Newton para mostrar a una mujer poderosa, sensual y con confianza en sí misma; de allí, muchos diseñadores tomaron el impulso para inmortalizar la prenda. Para la década siguiente, a pesar de las críticas que debían soportar muchas, el pantalón se convierte en el uniforme favorito de la mujer.
Hoy en día, el pantalón es pieza fundamental en el guardarropa femenino, convirtiéndose en aliado de comodidad y estilo. Si bien en la mayoría de las culturas el uso de ellos ya se encuentra normalizado en ambos géneros, existen otras donde la historia de desigualdad y juicio se mantiene, recordándonos que aunque hemos recorrido un largo camino, aún nos queda mucho por hacer. La historia del pantalón en la mujer nos hace mantener presentes suceso indiscutible: la moda es política y un hecho social.


